Carlos I y Felipe II: diferencias y semejanzas

Isabel de Portugal y Carlos I   crédito foto : www.altesses.eu

Isabel de Portugal y Carlos I
crédito foto : http://www.altesses.eu

En este ensayo se trata de comparar el Emperador Carlos I de España, y quinto de Alemania, con su hijo Felipe II. Así resume Manuel Fernández Álvarez a ambas personalidades:   “el rey-soldado y el rey-papelero” , “las diferencias entre ambos soberanos:

“no sólo entre el emperador cosmopolita y el rey castellano; no sólo entre el viajero sempiterno, siempre yendo y viniendo por los caminos de media Europa, y el monarca sedentario que apenas si salía del alcázar madrileño o de su refugio de El Escorial; no sólo, en fin, la gran diferencia entre el que llevaba tras sí la corte ambulante y el que había fijado de una vez por todas su corte en Madrid, capital del Imperio hispa­no, sino que ahora se añadía esta otra entre el gran hombre de Estado con su idea imperial […].
En su estudio el historiador quiere refutar la opinión según la cual Felipe II “[…] gobernaba sin un concreto plan de gobierno”.

Nos centraremos primero en comparar a ambos monarcas al nivel personal y luego determinaremos si hubo continuidad o ruptura en su política.

Primera parte – diferencias y semejanzas a nivel personal

En primer lugar apuntaremos las semejanzas entre ambos monarcas y en segundo lugar veremos las numerosas diferencias al nivel de sus personalidades que explican que tanto se haya insistido sobre este contraste.

Semejanzas entre ambos monarcas

Aranjuez, residencia preferida de Felipe II

Aranjuez, residencia preferida de Felipe II

Ambos se casaron con una infanta Portuguesa. Carlos I con Isabel de Portugal y Felipe II con María Manuela de Portugal. Sin embargo el Emperador jamás volvió a casarse tras la muerte de su esposa. Felipe II en cambio tuvo otras tres esposas: Mary Tudor reina de Inglaterra, lo que le convirtió en Rey Consorte de Inglaterra, Isabel de Valois infanta francesa que sellaría la paz con Francia y Ana de Austria que le daría el heredero que tanto había deseado.

Ambos reyes eran muy piadosos y terminaron su vida en un ambiente meditativo-espiritual de reclusión, enfermos de gota: Carlos I en el monasterio de Yuste tras su abdicación en 1556, y Felipe II en el monasterio del Escorial que él mismo mandó construir tras haber elegido a Madrid por capital.

Ambos tenían a Tiziano como pintor predilecto. Pero Felipe II añadió a sus aficiones el pintor El Bosco.

Diferencias

Felipe II un monarca castellano culto y amante de la naturaleza

Se dice que Felipe II era un gran amante de la naturaleza y que en sus residencias reales mantenía animales de África en cautividad, también que procuró tener una gran variedad de flora en sus jardines y elegir especiesque tuvieran flores todo el año. A nivel cultural era también gran amante de la literatura y bibliófilo: protegió a Teresa de Ávila durante sus problemas con la Inquisición y su biblioteca era la más extensa de la época con obras hebreas, árabes como griegas y latinas. Se ha hablado mucho de la personalidad culta del monarca opuesta a la personalidad guerrera de su padre.

Carlos V un monarca poliglota, viajero y guerrero

Se ha retratado al monarca como gran amante de las carnes y de la cerveza pese a que esto le causara problemas de salud.

Quizás la mayor diferencia que se puede observar entre ambos monarcas es el hecho que Felipe II haya recibido una educación castellana mientras que su padre tuvo por preceptor al Cardenal Adriano de Utrecht quien habría más tarde de convertirse en el 218 Papa bajo el nombre de Adriano VI. Carlos I había nacido en Gante, y vino a Castilla por primera vez para ascender el trono. Este elemento es esencial ya que a su llegada a Castilla, el hijo de Doña Juana de Castilla y nieto de los Reyes Católicos casi no hablaba el castellano. Sin embargo llegó a dominar esta lengua que se convirtió en su lengua preferida pese a haber sido educado en francés. Además el Emperador hablaba un poco alemán e italiano. Este elemento le causaría problemas políticos al principio de su reinado como los que vamos a mencionar en la segunda parte de nuestro ensayo relativos a su acceso al trono de Castilla y Aragón.

Este rasgo políglota se reflejaría también en el número de viajes que emprendería. Citemos al propio emperador:

 TIZIANO---EL-EMPERADOR-CARLOS-V-A-CABALLO-EN-MUHLBERGNueve veces fui a Alemania la alta,

Seis he pasado en España

Siete a Italia

Diez he venido aquí a Flandes

Cuatro en tiempos de paz  y de guerra he entrado en Francia

Dos en Inglaterra

Otras dos fui contra África

Las cuales son todas cuarenta […] y para esto he navegado ocho veces el mar mediterráneo

Y tres el océano de España

Y ahora será la cuarta que volveré a pasarlo para sepultarme

Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002bFelipe II, en cambio sólo dejó la península en tres ocasiones: la primera  en 1549 para viajar a Flandes, la segunda, a Inglaterra donde permaneció quince meses y se casó con su tía María Tudor; en 1559 regresó a España. En 1580 fue a Lisboa por la Corona de Portugal y permaneció allí durante dos años.

Otro rasgo que permite diferenciar de forma radical a los dos monarcas es que Carlos V fue un Emperador guerrero, lo cual era el motivo de tantos viajes. En cuanto a Felipe II se le conoce como “Rey Burócrata” ( dixit Fernando García de Cortázar) lo cual no significa que jamás estuviera su país en guerra: llegó a tener hasta seis frentes abiertos a la vez y su reinado conoció tan sólo seis meses de paz.

 Conclusión de la primera parte

Para concluir esta parte, diremos que lo que ambos monarcas tenían en común era su fe y como lo veremos a continuación ambos la defendieron frente a la reforma. En cuanto a la principal diferencia se ubica en el hecho que Carlos I nació en Gante territorio de habla francesa, y su castellanización se hizo progresiva y paulatinamente a partir de su llegada a Castilla a los 17 años. Sin embargo de su hijo Felipe II se sabía que sería llamado a reinar sobre España y permaneció en Castilla hasta la edad de 22 años.

Terminaremos por una cita de Memoria de España Felipe II, Un imperio sin Emperador que resume las diferencias entre ambos monarcas al nivel personal:

“Carlos V era un viajero políglota amante del ceremonial y de la magnificencia de las cortes Europeas, Felipe II mostró en seguida sus preferencias por la corte de Castilla, la austeridad y el trabajo personal. Mientras que Carlos V había sido un príncipe guerrero, Felipe fue un monarca burócrata”.

(sic Memoria de España, Felipe II, un imperio sin emperador)

A continuación examinaremos las semejanzas y diferencias a nivel político.

Segunda parte- Nivel político: ¿continuidad o ruptura?

 El Imperio de Carlos VEn esta parte analizaremos la continuidad y la ruptura entre Carlos I y su hijo Felipe II. Apoyaremos nuestra argumentación en el trabajo que Manuel Fernández Álvarez desarrolló en su libro Felipe II acerca del mismo. Mucho se han apuntado las tajantes diferencias entre el gobierno del padre y del hijo. Sin embargo ambos tuvieron que luchar por el poder. Tal y como Carlos V luchó con la revuelta de los Comuneros y luchó por el título de Emperador frente a François I habiendo ambos pujado al título de su abuelo Maximiliano, Felipe II tendría que lograr arrebatar la corona de Portugal …con la ayuda el ejército.

Ambos fueron los monarcas más poderosos de su época con imperios transatlánticos y en el caso de Felipe II se trataba de un imperio – aunque como lo apunta Fernando García de Cortázar, “sin emperador”- donde no se ponía el sol. Se habían añadido a sus dominios las Islas Filipinas situadas en Asia del Sur Este y nombradas así en honor a Felipe II y además consiguió los territorios Americanos que Portugal había conseguido mediante el tratado de Tordesillas : Brasil.

Manuel Fernández Álvarez considera que hubo continuidad política entre ambos monarcas :

“En definitiva. […] tuvo [un plan de gobierno], y muy claro, en parte heredado de su padre y también propio y personal”. El historiador define así las normas políticas y morales de su gobierno:

 “las normas políticas y morales por las que se guio Felipe II [ …], fueron éstas: acendrado sentido de su responsabilidad como gobernante; sentimiento también de la suprema e indiscutible dignidad regia de sus funciones; defensa del patrimonio recibido, que debía legar a sus here­deros; recta administración de la justicia, con tendencia a la severidad e incluso al implacable rigor contra los que consi­derase culpables o meramente disidentes, y, por última (aunque no fuera la postrera norma, sino acaso la primera), extrema religiosidad”.

Examinaremos en primer lugar los elementos de continuidad, y en segundo lugar los elementos de cambio o de innovación de Felipe II.

1)       Continuidad

Vamos pues a destacar los elementos de continuidad entre los gobiernos de ambos soberanos examinando las siguientes problemáticas: los problemas económicos que acecharon a ambos monarcas, la cuestión de la rivalidad con Francia, la cuestión de la sucesión portuguesa y la cuestión religiosa.

  • Problemas económicos idénticos

A pesar de recibir cantidades fabulosas de oro de las Américas, ambos monarcas tuvieron que  enfrentarse a problemas económicos tremendos durante su reinado: Felipe II había comprobado el problema y la época de su padre. Manuel Fernández Álvarez, ve en su gestión de los problemas una “máxima recibida de Carlos V”.

“[…]En el económico, porque ya desde los tiempos en los que gobernaba España, en nombre de su padre, había com­probado la extrema penuria en la que se estaba hundiendo el país, en especial los reinos de la Corona de Castilla.”

Se sabe que el reinado de Felipe II conoció tres bancarrotas. A continuación examinaremos la causa de los problemas económicos i.e. las guerras

  • Problemas bélicos por la hegemonía en Europa

Carlos V estuvo en guerra con Francia, Roma, el Imperio Otomano, Túnez, y Alemania. Felipe II tuvo los siguientes conflictos bélicos: Francia, el Imperio Turco, los Paises Bajos, Portugal y Inglaterra. Aunque no se trate exactamente de los mismos países, la causa y la razón de ser de estas guerras eran el mantenimiento de la hegemonía del imperio en el caso de Carlos I o de España en el caso de Felipe II.

  • La cuestión francesa
El rey François Ier de Francia

El rey François Ier de Francia

Manuel Fernández Álvarez apunta el tema de la rivalidad con Francia, que tras cinco guerras y el encarcelamiento del rey François Ier, se resolvió por poco tiempo por la Paz de las Damas durante el reinado de Carlos I. En este respecto Felipe II consiguió lo que su padre no pudo lograr:

[…] la política inter­nacional. En ese terreno, Felipe II muestra tener unas ideas muy claras: liquidación de la añeja rivalidad con Francia, poniendo su acento en una paz duradera que le asegure el predominio hispano sobre Italia, como ya hemos visto que logrará a través de la paz de Cateau-Cambrésis de 1559; por lo tanto, a los pocos meses de la muerte de Carlos V, y en lo que muchos historiadores ven el comienzo verdadero de su reinado.[…]

La paz con Francia, que no se verá rota hasta los últimos años de su reinado. […]

Se podría argumentar que ése había sido el consejo dado por Carlos V en sus Instrucciones políticas de 1548 (lo que se ha venido en llamar el Testamento político del Empera­dor); esto es, que aquí, como en muchos otros aspectos, Fe­lipe II no hace sino mostrarse un dócil discípulo de su pa­dre”.

Examinemos ahora la continuidad respecto a la cuestión de la sucesión de Portugal.

  • La cuestión portuguesa

Recordemos que ambos monarcas se casaron con infantas de Portugal lo cual concedió derechos por alianza al trono Portugués.

Escuchemos a Manuel Fernández Álvarez acerca de la cuestión portuguesa:

Del mismo modo, resulta evidente que Felipe II asumió la política de sus antecesores de cara a la unidad peninsular; algo que Carlos V no había declarado expresamente en sus Instrucciones de 1548, pero que había insinuado cuando la muerte del príncipe Juan Manuel dejaba entreabierta la cuestión sucesoria portuguesa. Desde Yuste, Carlos V pug­nó entonces por los posibles derechos de su nieto Carlos, en caso del prematuro fallecimiento del rey-niño don Sebas­tián. Fue don Carlos quien murió primero, pero cuando el que fallece, en 1578, y sin sucesión, es don Sebastián, la cuestión estaba ahí, y en la lucha que llevó a cabo Felipe II, como pretendiente con mejores derechos al trono luso, no haría sino seguir lo marcado por Carlos V en 1557, e inclu­so sesenta años antes por los Reyes Católicos, como es tan notorio. […]

Aquí es donde topamos con una de las cuestiones perso­nales de Felipe II: su visión del mantenimiento de la heren­cia recibida. Nada de mermas, ni siquiera en relación con aquellas tierras tan lejanas y tan difíciles de mantener en paz. Será necesario que transcurran treinta años de luchas terribles para que el Rey se plantee una solución a la cues­tión de Flandes, dejándolas a su hija Isabel Clara Eugenia «… para alivio destos Reynos…», como señalaría en el Codi­cilo a su Testamento, hecho en 1597”.

Como lo vemos la posición adoptada frente a la sucesión portuguesa hubiera sido defendida por el propio Carlos I. A continuación examinaremos los lazos con la religión.

  • Las cuestiones religiosas

 Ambos monarcas son recordados por haber sido los defensores de la fe católica. La cuestión religiosa se concretizó en el concilio de Trento y en el apoyo a la Inquisición. Carlos V declaró :  “las preocupaciones por la casa del Señor me consumen”. A este respecto citaremos el análisis de Manuel Fernández Álvarez:

“Lo que importa ahora señalar es que Felipe II siempre tuvo el norte de la defensa de la religión católica, dentro y fuera de sus fronteras, en el ámbito de la Europa occidental, que era la que consideraba que caía bajo su hegemonía y, por tanto, bajo su responsabilidad; dejando las cosas del Impe­rio germano y de la Europa oriental sometidas a la Casa de Austria de Viena, de lo que podía desentenderse, como de he­cho así ocurrió.

Pero no en lo que se refería a la Europa occidental, in­sisto en ello, y en particular, claro está, a sus reinos y seño­ríos. Sabía muy bien, y estaba orgulloso, que era el rey de la Monarquía católica, título concedido por Roma a sus ante­pasados Fernando e Isabel y que él había heredado. Él era «el Rey católico», y eso imprimía carácter. En sus Instruc­ciones a su hijo Felipe III se lo recuerda vehementemente:

Debéis estar cierto, hijo, que no habrá cosa que mal os venga si a nuestra santa religión obedecéis, seguís y amáis y defendéis con todo vuestro corazón...”

Y en su Testamento de 1594, junto con las referencias generales de tipo religioso, similares a las que se encuentran en el Testamento de Carlos V, en las que se marcaba también la protección regia a la Inquisición.”

Apoyo a la Inquisición

Manuel Fernández Álvarez apunta:

¿Y en cuanto a política interna? ¿Muestra el Rey algún plan de acción, algún programa concreto? Diremos en se­guida que aquí nada encontraba en las instrucciones pater­nas, salvo el que mantuviera un firme apoyo a la Inquisición o que gobernara a sus súbditos con justicia.

El concilio de Trento

“¡Y está Trento! ¿Cómo olvidar que el Rey luchó lo inde­cible por conseguir que las nuevas sesiones del Concilio fue­ran una continuación de las que se habían celebrado en tiempos del Emperador? De modo que bien pudo decirse que si el Concilio de Trento se había iniciado gracias al apo­yo imperial, en 1545, también podía afirmarse que se con­cluyó en el mismo lugar en 1563, merced a la decisiva inter­vención de Felipe II. Aquí, el hijo vino a coronar la obra de su padre, a continuarla, a ser como la prolongación de su brazo, después de su muerte”.

(sic Manuel Fernández Álvarez)

Como lo podemos comprobar sus numerosas las similitudes entre ambos monarcas tanto a nivel de la política interior como al nivel de la política exterior. Veamos a continuación los elementos de innovación por parte de Felipe II.

 2)       Ruptura  o innovación respecto a Carlos V

En el ámbito económico, Manuel Fernández Álvarez apunta las innovaciones a nivel económico y a nivel administrativo.

 “sí resulta evidente que, en el planteamiento del gobierno interno de la Monarquía, Feli­pe II es el que innova, apartándose ciento ochenta grados de la política imperial. Y eso en dos terrenos: en el económico y en el de la administración central”.

En primer lugar Felipe II estableció Madrid como capital del Imperio

“[…] a todas luces, lo que marca el afán de cambio del Rey y su logro mayor fue, evidentemente, la creación de la capitalidad, convirtiendo a Madrid en la corte de la Monar­quía, acabando con la pesadilla de la corte ambulante que se arrastraba desde la época de los Reyes Católicos. Con lo cual nos encontramos con dos notas singulares: una, que el Rey rompía abiertamente con el esquema de gobierno de sus antepasados y, por supuesto, con el de su padre, el Emperador, y la segunda, que con ello demostraba que no quería dejarse arrastrar por los acontecimientos, que trataba de canalizar el futuro”.

(sic Manuel Fernández Álvarez)

Por otra parte centralizaba todos los asuntos políticos: Felipe II fue uno de los monarcas más trabajadores de la historia de la monarquía española. En alguna ocasión llego a despachar 400 cartas en un solo día. Esta centralización causaba grandes problemas: una carta mandada desde las Filipinas tardaba un año en llegar a Madrid, y una carta de Italia podía tardar un mes. (Memoria de España)

A esto cabe añadir que la política de Carlos V se centró en Europa, mientras Felipe II tenía muy presente la cuestión de las Indias en su mente. Citamos nuevamente a Manuel Fernández Álvarez quién concluye de este modo el análisis de la cuestión de las Indias:

“Todo lo dicho nos permite concluir que Felipe II tuvo siempre muy presente las cosas de las Indias, que para él su­ponían algo verdaderamente importante: la expansión de la fe, aquello de seguir la obra de los primeros apóstoles, de lo que dejaría constancia en su Testamento, con aquella notable consigna dada a sus sucesores: que se mantuvieran siem­pre unidas las Coronas de Portugal y Castilla, porque eso era lo mejor para su seguridad, aumento y buen gobierno,

… y para ensanchar nuestra Sancta fe cathólica y acudir a la defensa de la Iglesia”.

 

Conclusión del ensayo

Todo lo que hemos desarrollado nos permite concluir que pese a diferencias tajantes en lo que se refiere a la educación recibida, al lugar de nacimiento y a la personalidad de ambos monarcas, se puede afirmar que a nivel político Felipe II ha logrado inscribirse en una continuidad notable respecto a su predecesor.

Bibliografía

Fernando García de Cortázar, Historia de España

Manuel FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Felipe II

  • En la red: 

España bajo los Habsburgo: http://faculty-staff.ou.edu/L/A-Robert.R.Lauer-1/span4313cap6.html

Sociales 2A : http://sociales2a.blogspot.com/search/label/apogeo%20del%20imperio%20espa%C3%B1ol

  • Documentales

Documental Carlos V, el sueño europeo del Emperador

Memoria de España – Carlos V, un monarca, un imperio y una espada 

Memoria de España- La España de Felipe II. Un Imperio sin emperador

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